miércoles, 7 de diciembre de 2016

Para Carlos no hay imposibles

No hay imposibles. Río 2016 era su gran objetivo y Carlos Felipa lo sabía. Militar de corazón y peruano de raza, llegaba a Brasil a demostrar que para él no era necesario competir con deportistas paralímpicos de gran talla, solo quería llegar con el Perú impregnado en el pecho.

Pese a llegar indispuesto por tener una pierna menos por acción de armas, su disciplina era el de salto largo. Comenzó de menos a más. 3.98 al inicio, luego, 3.49, 3.92, 3.83, 3.55 y ya se iba casi sin pena ni gloria.

Se acababa la jornada y le quedaba apenas una última oportunidad. Sabía que no había oportunidad de alcanzar una medalla, pero su meta no quería regresar como un deportista más.



Carlos con la bandera peruana (Río2016)
Escucho su nombre. Se levantó y caminó lentamente hasta el punto de largada. Se secó el sudor de los nervios que recorrían su cuerpo. Tomó aire. Dio un par de ligeros saltos y finalmente corrió con todas sus fuerzas hacia lo que era su despedida de Río. Saltó sin infracción alguna y cayó en la arena con toda la fuerza que salió expulsado.


Miró al juez y este le indicó que todo estaba correcto. Finalmente miró el tablero que indicaba el 4.10 final que lo ubicó en el octavo lugar. Una sonrisa corroía sus labios. La satisfacción de haber representado al Perú era todo lo que quería y lo mejor es que esto recién empezaba. La mirada estaba ahora en Tokio 2020.


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